Ya no más...
- TG iglesia
- 11 hours ago
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Ni murmuréis, como algunos de ellos murmuraron, y perecieron por el destructor. 1 CORINTIOS 10:10

Existen muchos hábitos dañinos que son reprobables y que paradójicamente son aceptados socialmente, quizás el peor de ellos es la murmuración (difamar, criticar, desacreditar). Se murmura cuando en una conversación se incluyen comentarios en perjuicio de alguien que no está presente y no cuenta con nuestro agrado. Recuerdo con mucho dolor cómo este mal ha dividido familias, amigos, Iglesias, e incluso llegó a fracturar a toda una nación: mi querido Chile. Las diferencias sociales y políticas partidistas hicieron que las familias se enfrentaran y murmuraran unos contra otros.
La murmuración y la queja van de la mano siempre, y juntas son la raíz de muchas rebeliones.
Es lo que el apóstol Pablo nos recuerda al citar el ejemplo del pueblo de Israel, cuando se rebelaron contra Moisés y Dios trajo juicio sobre los que murmuraban.
La murmuración no es solo una expresión de descontento contra otra persona, sino que también nos atrevemos a utilizarla contra Dios. Cuando así ocurre, es una señal de incredulidad y desconfianza.
Al quejarnos, estamos cuestionando Su soberanía, Su provisión y Su plan perfecto para nuestras vidas. Los israelitas, a pesar de haber experimentado milagros como el maná del cielo y el agua de la roca, (entre otros) permitieron que sus corazones se llenaran de insatisfacción. Esto los llevó a rebelarse contra Dios, olvidando Su fidelidad.
¿Estamos agradecidos por lo que Dios nos ha dado o permitimos que las circunstancias nos lleven a murmurar?
En lugar de enfocarnos en lo que falta, debemos recordar las innumerables bendiciones que hemos recibido y confiar en que Dios está obrando incluso en medio de los desafíos.
Señor, líbrame de murmurar y hazme un testimonio de gratitud. Amén.




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