Sin tierra propia
- TG iglesia
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Y no angustiarás al extranjero; porque vosotros sabéis cómo es el alma del extranjero, ya que extranjeros fuisteis en la tierra de Egipto. ÉXODO 23:9

En diciembre del 1995, mi familia y yo cumpliremos 30 años desde que emigramos de Costa Rica a esta aventura Gran comisionista. Sin lugar a duda, puedo expresar que ha sido uno de los retos más grandes de nuestras vidas, tanto en lo personal como familiar. Dejar todo atrás y viajar solamente con dos maletas, donde hemos intentado empacar recuerdos, fue abrumador. Emigrar implica empezar de nuevo en un escenario desconocido lleno de miedos e incertidumbres. Lo único que trae alivio es la ayuda y el acompañamiento por parte de aquellos que te reciben. Siempre recuerdo la cancion latinoamericana "Y verás como quieren en Chile / al amigo cuando es forastero".
Solo un inmigrante puede entender a otro.
En esta cita bíblica de hoy, se observa la instrucción divina que apela a la empatía y la compasión, recordándole a los israelitas su propia experiencia como forasteros en Egipto.
El versículo enfatiza la importancia de tratar a los extranjeros con justicia, dignidad y respeto, reconociendo su vulnerabilidad y las dificultades que enfrentan en una tierra ajena.
En nuestra sociedad actual, marcada por migraciones globales y crisis de refugiados, donde el intercambio cultural y social es gigante, este versículo adquiere una relevancia renovada, instándonos a responder con empatía y justicia.
El mandato de no oprimir al extranjero va más allá de la mera tolerancia; implica un compromiso activo con su bienestar, compañía y su integración en la comunidad.
Nos recuerda que la experiencia del desarraigo y la vulnerabilidad es parte de nuestra historia colectiva y debe ayudar en nuestro trato hacia quienes hoy se encuentran en esa situación.
Señor ayúdame a ser amoroso con los necesitados. Amén.




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