SIGUE SEMBRANDO
Esta es, pues, la parábola: La semilla es la palabra de Dios. LUCAS 8:11

Las parábolas fueron el instrumento más eficaz para las enseñanzas de Jesús en aquellos tiempos. Lo hacía para que comprendieran bien su significado y la aplicación.
Ellos no entendían por qué estaban enceguecidos por las tradiciones y los prejuicios. Era probable que de otro modo no pudieran asimilar la verdad de Dios. Esta parábola es una de las más predicadas por nosotros los pastores. Sus interpretaciones varían por la enorme riqueza que ella hay.
El Señor nos dejó Sus enseñanzas para aplicarlas a nuestra vida, no para inventar y acomodarlas a nuestras limitaciones. Nada ni nadie puede arruinar la cosecha final de Dios. ¿Por qué los que escuchaban no entendieron las palabras de Jesús?
Jesús nos enseña que todos sufriremos contrariedades y desilusiones, que tendremos enemigos, personas que se oponen a nosotros y que atacan nuestra fe. No debemos darnos por vencidos. Él se encarga de la cosecha.
El asunto principal se refiere a los dos tipos de personas que Jesús conoce: los perdidos y los salvos. ¿Qué hacen los perdidos? Pierden su camino, la salvación por gracia y la misericordia de Dios. ¿Qué hacemos los salvos? Sembramos. Seguimos la voluntad de Dios y Su Palabra. ¡Y esa es nuestra misión!
Sigue sembrado, sigue creyendo, sigue esperando, porque la cosecha depende de Dios.
No te preocupes por la calidad de la semilla, esto depende de Dios, ocupémonos de siempre tener lista el tipo de tierra (corazón) en que caiga tu semilla, y así sigue sembrando cueste lo que cueste.




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