EL «CA…» LINDO
Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas.
SANTIAGO 1:2

A nosotros los costarricenses nos ha costado históricamente pronunciar correctamente la doble “rr” así decir ferrocarril, es una odisea difícil de aprobar.
Al salir de Costa Rica en el año 1995, la doble rr, fue un verdadero examen, tratar de no errar, pero aun así se me escapaba una que otra vez, lo que provocaba risas entre los discípulos.
Estando en un país, nos visitó una discípula de Costa Rica, varios discípulos la invitaron a salir a pasear a un lago a pescar… Cuando iban de camino, vio un carro antiguo rojo muy lindo y lo señaló. Cuando se lo hizo notar a las personas que viajaban con ella en el auto, recibió miradas confundidas y sonrisas disimuladas.
«¿Puedes repetir eso?», preguntaron los discípulos.
«Un caddrro...», ella respondió.
El problema no era la elección de la palabra, sino su pronunciación. Ella como todo costarricense tenía problemas para pronunciar sus «rr» desde pequeña y, aunque había mejorado mucho, de vez en cuando se le salía una pronunciación incorrecta.
Las chicas comenzaron a reírse. Ella usualmente se frustraba cuando las personas se reían, pero al final se unió a sus risas. Cuando dejaron de reírse, una de las chicas le preguntó por qué se reía. Después de todo, la mayoría de nosotros odiamos que las personas se rían de nosotros, pero su respuesta le aportó algo de sabiduría al sentimiento de ser el objeto de las risas. Ella contestó: «Prefiero ser la causa de risas que la razón de las burlas». Ella había tomado una decisión. Decidió dejar de lado la frustración de pronunciar una palabra de manera incorrecta y enfocarse en las risas que vienen cuando ella pronuncia algo diferente.
Muchos de nosotros permitimos que nuestras peculiaridades tengan un lugar de poder sobre nuestras vidas. Estas situaciones pueden (tristemente es la tendencia) hacer que nos enfoquemos en lo negativo, pero muchas veces se nos ofrece la oportunidad de escoger lo positivo. Nuestra discípula podría haberse ofendido por la reacción de sus nuevas amigas, pero, en lugar de eso, escogió reírse con los demás cuando algo así sucedía.
Muchos de nosotros permitimos que este tipo de situaciones nos molesten. Permitimos que nos frustren al punto de quitarnos el gozo, pero la realidad es que podemos escoger el gozo en los momentos en los que podríamos frustrarnos con facilidad.
SEÑOR, ADMITO QUE HAY MOMENTOS EN LOS QUE PERMITO QUE MIS PECULIARIDADES ME FRUSTREN EN LUGAR DE VERLAS COMO OPORTUNIDADES PARA EL GOZO. RECUÉRDAME CADA DÍA VER MÁS ALLÁ DE MIS FRUSTRACIONES Y ANHELAR ESPARCIR GOZO EN LA FORMA EN LA QUE TÚ ME CREASTE. AMÉN.




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