EL TEMOR A DIOS
Bienaventurado todo aquel que teme a Jehová, que anda en sus caminos. SALMOS 128:1

El comentarista bíblico Matthew Henry titula este salmo como «la dicha del que teme a Dios». Dicho, en otros términos: los que temen a Dios serán bendecidos. Se cree que este salmo era cantado en las bodas israelitas. Enseña que el gozo y la prosperidad de la familia dependen de la bendición divina.
Temer a Dios es tener cierto «DEVOCION» reverencial, es decir, respeto a un Dios santo y poderoso que puede crear, pero también destruir. En el Antiguo Testamento, temer a Dios era honrarlo, obedecerlo y someterse a Él. En el Nuevo Testamento era respetarlo y reverenciarlo. Todo esto está íntimamente relacionado con la adoración a Dios. Estamos convidados a adorarlo y temerle. Este es el principio de la sabiduría. El que teme a Jehová Dios, es sabio.
Este Salmo nos presenta en forma evidente las bendiciones del temor al Señor en el presente y en el futuro. Todos debemos temer al Señor. El temor a Dios trae consigo cuatro ricas y preciosas bendiciones: el temor a Jehová trasciende a nuestra descendencia. A los hijos de tus hijos, dice la Palabra, en bien y en prosperidad.
¿Quién no ha de temer ante el poder, la santidad y la gloria de Dios? Al Señor no solo hay que amarlo, sino también respetarlo por Su grandeza y Su gran poder.
Si realmente tememos a Dios, debemos observar una vida santa y digna del Señor. El Señor ha prometido recompensar a los que le temen.
Las consecuencias del temor a Dios trascienden a toda la familia y a la sociedad.
Espíritu Santo ayúdanos a cultivar reverencia, santidad, devoción al Dios que nos ama, al darle el lugar por el que ÉL MURIO… que nuestra alma te alabe, siempre Señor!




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