UNA GRAN FIESTA....
Y levantándose, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó. LUCAS 15:20

Jesús termina esta serie de tres parábolas sobre el mismo tema para destacar la importancia que tienen los pecadores para Dios. Él entiende perfectamente la situación desastrosa y funesta de ellos. Al usar tres parábolas seguidas con el mismo tema, Jesús nos ayuda a entender cuánto amor tiene Dios por los pecadores y la situación miserable y desastrosa de ellos.
El hijo menor demuestra su condición rebelde, egoísta, altanera, irrespetuosa, descontenta, y que es malagradecido al rechazar el amor del padre y todas las comodidades y privilegios de su hogar. Su error es grande cuando despilfarra todo su dinero, y se da cuenta de que no tiene amigos. Se encuentra en una situación precaria, pasa hambre y reconoce que fue una mala decisión abandonar a su padre. Al hacer un análisis de su vida, entiende que se equivocó, se arrepiente y decide regresar a la casa de su padre sin esperar ningún privilegio ni consideración, para ser un trabajador más.
El padre, que conoce a su hijo, no deja de pensar que algún día volverá, y mientras mira por el camino por el cual se fue, lo ve venir con vestimentas de vagabundo, sucio y maloliente. Su amor lo mueve a misericordia (compadecerse de los sufrimientos y miserias ajenos). El hijo pide perdón, el padre lo perdona, lo viste con ropas limpias y da instrucciones para tener una gran fiesta.
Si los pecadores tienen tanta importancia para Dios, debemos preguntarnos si también para nosotros son importantes y si su condición nos mueve a misericordia para ayudarlos a volverse del camino ancho a Dios.
Dios coloca en nuestro corazón compasión por aquellos que nos rodean y estan perdidos, necistamos mirarlos como tu los haces... Dios, ayúdame a que lo más importante para ti también lo sea para mí. Amén.




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