Quebrantados...
- TG iglesia
- Jul 13
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—¿Por qué? —insistió Pilato—. ¿Qué crimen ha cometido? Pero la turba rugió aún más fuerte: —¡Crucifícalo! Marcos 15:14

En los últimos meses, hemos escuchado de fuertes casos de crimen y violencia, verdaderas atrocidaes, que nos asombran el grado de maldad. Parece casi imposible creer que personas sean capaces de hacer tanto daño a su prójimo.
Con frecuencia, los críticos del cristianismo hablan de la maldad en el mundo como argumento en contra de la existencia de Dios; o simplemente en contra de Su bondad. Pero, con facilidad olvidamos que la mayor parte de esa maldad proviene precisamente de los seres
humanos.
Nos herimos unos a otros. Cometemos atrocidades y culpamos a Dios por ellas; o razonamos que, si Él verdaderamente estuviera «ahí»>, esas cosas que nosotros mismos hacemos no pasarían.
Una de las enseñanzas fundamentales de la fe cristiana es la maldad y rebelión del ser humano hacia Dios, su creador. Desde Génesis 3, vemos a la hermandad en desobediencia al Señor. En la medida que se desarrolla su historia, esta rebeldía va en constante incremento (Gén. 6:5). La tendencia pecaminosa del hombre se muestra claramente en el relato de la crucifixión.
Pilato se dio cuenta de que los principales sacerdotes habían entregado a Jesús «por envidia» (Mar. 15:10). Además, aunque Pilato sabía que Jesús era inocente (v. 14), cedió a la demanda de su muerte porque quería «satisfacer a la multitud» en vez de hacer justicia (v. 15).
Marcos 15:3-15 nos muestra la envidia, la injusticia y la perversidad como características propias de la rebelión humana.
"la oscuridad no es oscuridad, es en realidad ausencia de luz"
Aunque el mundo en que vivimos hable de justicia, reconciliación y bondad, esto no será posible si vivimos alejados de Dios y como resultado seguiremos destruyéndonos los unos a los otros. Solo por medio de la salvación y la transformación en Cristo Jesús, podemos verdaderamente amar a los demás como Él nos ha amado (Juan 13:34); y así contribuir con el cambio de una sociedad quebrantada por el pecado.
Señor ensénanos a amar como Tú amas, a perdonar como tu lo haces, y a ser luz en medio de un mundo que decidió ser oscuridad, amén.




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