Nueva vida en Cristo
- TG iglesia
- Jan 16
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Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. ROMANOS 8:1

En la tradición judía, cuando un niño cumple 13 años o una niña 12 años, dejan de ser considerados niños por la comunidad y ahora son reconocidos como responsables de sus propios actos ante Dios. Bar Mitzvah (para niños) y Bat Mitzvah (para niñas).
Antes de este momento crucial en la vida de cada judío, los padres eran los que asumían la responsabilidad espiritual por sus hijos, pero al llegar a esta edad, estos jóvenes pasan a un nuevo estado. Ahora ellos mismos tienen el deber de seguir el Torá (la Ley de Moisés) y vivir conforme a los preceptos de Dios.
Este paso de la infancia a la madurez espiritual nos recuerda lo que sucede cuando venimos a Cristo. Antes de estar en Cristo, vivíamos bajo la carga y consecuencias del pecado y la condenación de la ley. Pero en Cristo, hemos sido liberados del pecado y de la muerte (“y porque ustedes pertenecen a él, el poder del Espíritu que da vida los ha libertado del poder del pecado, que lleva a la muerte” V 2); recibimos una nueva identidad y somos liberados de esa condenación.
El apóstol Pablo nos recuerda que ahora pensamos en las cosas del Espíritu que trae vida y paz (V 5-6), y en contraste, antes de caminar conforme al Espíritu no podíamos agradar a Dios (V 7). Si estamos en Cristo, nuestra identidad ya no se basa por nuestros errores del pasado.
Ahora vivimos en bajo la gracia de Dios, en unión con Cristo y conforme al Espíritu Santo. Hemos muerto al pecado al estar unidos a Cristo y seremos resucitados algún día por Dios (V 10-11) que esperanza más extraordinaria. Así como la edad marcaba un nuevo comienzo en la vida de un joven judío, nuestro estado en Cristo marca un nuevo comienzo en nuestra vida espiritual.
Podemos vivir libres, con paz con Dios y teniendo la seguridad de que, en Jesús, somos perdonados y amados por Dios.
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Gracias, Dios, por haberme dado vida en Cristo Jesús, mi Señor. Amén.




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