No justifiques, ama
- TG iglesia
- Mar 14
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Pero él, queriendo justificarse a sí mismo, dijo a Jesús: ¿Y quién es mi prójimo? LUCAS 10:29

¿Alguna vez te has justificado por alguna acción? Cuando se trata de los demás siempre respondemos: «No tengo tiempo», «No es mi responsabilidad», «No sé si esa persona lo merece». Al responder de esta manera, lo único que reflejamos es la falta del correcto amor de Cristo en nosotros.
El verdadero amor no opera en términos de merecer, sino de mostrar misericordia.
La verdadera fe se traduce en acción: «mandamientos recíprocos», el amar a los demás como a uno mismo y no en la religión.
En esta historia, un experto de la ley intenta verse justo ante los ojos de Jesús. Después de escuchar el mandamiento de amar al prójimo como a uno mismo, pregunta: «¿Y quién es mi prójimo?». La pregunta no buscó saber (lo que ya sabía, sino cuestionar) amar más, sino delimitar su responsabilidad. Tal vez esperaba que Jesús le dijera: «Tu esposa, tus hijos, los que piensan como tú». Jesús hace algo más profundo: cuenta una historia de alguien que cruzó una línea de prejuicio, incomodidad y riesgo para amar a quien más lo necesitaba.
Jesús elige la acción noble de un samaritano y lo resalta como el héroe de la historia, la manera correcta de amar y poner en práctica la «religión». El sacerdote y el levita quedaron como actores secundarios: ¡no tendrían ellos que ser los héroes! ¡No eran ellos los que tenían apariencia interna de piedad! El corazón de ellos no se inclinó a ayudar al herido, pero el samaritano tuvo tiempo para detenerse, acercarse, ayudar, curar, llevar y cubrir los gastos del herido.
Jesús nos enseña que la verdadera fe es un amor que se practica con nuestro prójimo. Dios nos llama a amar dando de nuestros recursos y tiempo, porque no es cuestión de cercanía física nada más, sino de disposición espiritual.
Padre, haz de mí un prójimo valiente y sensible, que mi fe se exprese en acciones concretas que reflejen tu corazón. Amén.




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