El Dios que provee/13 Ene
- TG iglesia
- Jan 13
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Y respondió Abraham: Dios se proveerá de cordero para el holocausto, hijo mío. E iban juntos. GÉNESIS 22:8

Algunas características muy comunes de las culturas prehispánicas, como las Mochica y Chimú, o los Incas, eran el politeísmo y los sacrificios humanos. Estas civilizaciones, ubicadas en el norte y centro del Perú, realizaban sacrificios a sus dioses, una práctica que también existía en antiguo Cercano Oriente.
En culturas como la egipcia y mesopotámica, los sacrificios humanos eran considerados necesarios para la relación con los dioses, como se refleja en la tableta de Uruk, que describe sacrificios para acompañar al rey Gilgamesh en su próxima vida después de la muerte. Los sacrificios eran el medio por el cual los creyentes tenían una relación con sus dioses.
En el pasaje de Génesis 22:2, cuando Dios le ordena a Abraham sacrificar a su hijo Isaac, Abraham no se escandalizó ni cuestionó a Dios, y tampoco dudó en hacer lo que Dios le había ordenado ya que él sabía que esa era la manera de adorar a los dioses en el mundo antiguo.
Cuando llegaron al lugar indicado por Dios para el sacrificio, él puso a su hijo Isaac sobre el altar y estuvo a punto de sacrificarlo, pero el ángel de Jehová le dijo que no lo hiciera (V 10-12).
Dios estaba probando la fidelidad de Abraham, y él pasó esta prueba (Gen. 22:1, 12). Abraham se dio cuenta de que el Dios verdadero no requería de sacrificios humanos como los dioses de las naciones, y más adelante, Dios prohibió tales sacrificios (Lev. 18:21; Deut. 12:31), ya que los sacrificios que las naciones ofrecían a sus dioses en realidad eran sacrificios a los demonios (Éx. 32:8-9; Sal. 116:37-38). En medio de esta prueba, cuando Isaac le preguntó a su padre dónde estaba el animal que sacrificaría, Abraham le dijo que Dios proveería el cordero para el sacrificio (Gen. 22:8).
Y Dios lo hizo (Gen. 22:13-14).
Así como Dios proveyó un sustituto para que muera en lugar de Isaac, Dios también proveyó un sacrificio para que muera en lugar de la humanidad, a Su propio Hijo unigénito. Dios ofreció a Su amado Hijo Jesús, para que todo aquel que en Él crea no se pierda más tenga vida eterna (Juan 3:16).
Hoy Dios sigue proveyéndonos (ya no un Salvador el único es Jesús) pero si para aquellas necesidades que El conoce.
Gracias, Dios, por tu provisión perfecta por amor a mí.
Ayúdame a honrar a Jesús cada día. Amén.




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