El amor que perdona
- TG iglesia
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Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen. Y repartieron entre sí sus vestidos, echando suertes. LUCAS 23:34

Se dice que Alejandro Magno mandó a crucificar a más de dos mil personas tras el asedio de Tiro en el 332 a. C. Actos plagados de terror y cruel.
Durante el asedio, los soldados de Alejandro estaban dispuestos a no ser misericordiosos porque todo ese tiempo habían presenciado la muerte dolorosa de sus compañeros, muertes que debían ser “cobradas”. Una vez conquistada Tiro, Alejandro ofreció un sacrificio a Heracles celebrando su victoria.
En contraste, la muerte y sacrificio de nuestro Señor Jesucristo no fue únicamente llegar a la cruz y tomar nuestro lugar; fue una muestra de Su gran amor y misericordia. Un acto de amor y entrega total. No deseó venganza por sus adversarios, más bien, imploró misericordia. No ordenó crucificar, en cambio, tomó el lugar de Sus enemigos. Él no despreció a nadie, más bien, recibió desprecio.
El clamor de Jesús es la máxima expresión de Su gracia por los demás, por ti y por mí.
Estas son las primeras palabras que pronuncia el Señor Jesús desde la cruz y están llenas de gracia y misericordia. Es una expresión del amor divino que no requiere de un arrepentimiento previo para brindar el perdón.
Nos muestra que la gracia divina llega antes de nuestra reacción, y que Su amor anhela rescatar incluso a aquellos que lo desprecian. Es un poderoso recordatorio de que la acción de Dios ante el pecado y el dolor causado por gente pecadora no es la venganza, sino el amor que perdona.
No hay falta donde la gracia no llegue, no hay pecado que el amor no perdone.
Padre, gracias por tu amor incondicional. Amén
