COMPASION & PODER
- TG iglesia
- Jun 9
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Y sanó a muchos que estaban enfermos de diversas enfermedades, y expulsó muchos demonios; y no dejaba hablar a los demonios, porque ellos sabían quién era ÉL. Marcos 1:34

Recuerdo que cuando era niño, los días parecían larguísimos y bastante desocupados. Pasaba el tiempo jugando e imaginando cuándo llegaría la Navidad. Sentía que era una espera eterna. ¿Tuviste la misma percepción en tu niñez? Pero algo pasa a medida que uno crece y se ocupa: la sensación es totalmente opuesta. Los días no alcanzan; en un abrir y cerrar de ojos ya está anocheciendo y el día se va acabando. Ahora, ¿te imaginas cuán intenso pudo haber sido un día en la vida de Jesús?
Teniendo en cuenta la gran cantidad de trabajo que conlleva servir a las personas (y hacerlo con compasión, sin desesperarse), realmente debió ser agotador. Jesús sabía cual era el propósito de Su vida, Él sabía que iba a ser difícil, intenso en esfuerzo, y constantemente en servicio a otros por amor.
Todos hemos tenido experiencias con personas difíciles, aquellas a quienes nada les complace y que son capaces de hallar un punto negro en una pared blanca.
El texto biblico nos describe lo intensas que fueron las jornadas de Jesús: desde muy temprano enseñaba en la sinagoga, sano, abrazo, oro y liberó a un hombre poseído, visitó la casa de Pedro para sanar a su suegra, y al anochecer toda la ciudad se agolpaba a la puerta buscando alivio.
¡Qué día tan intenso! Lo maravilloso es que Jesús no se cansa: no se cansa de escuchar, de sanar, de servir, ni de atender a las personas.
La Escritura nos permite ver al Dios encarnado teniendo cuidado de nosotros.
Pero esto no minimiza en absoluto Su poder: los demonios sabían quién era Él, y Su autoridad sobre ellos era absoluta. Si a ti te hicieron creer que el diablo puede hacer lo que quiera este texto nos ayuda a comprender que no es verdad.
Jesús tiene la capacidad para ayudarnos, el corazón para comprendernos, la sabiduría para guiarnos, y el poder para sanarnos.
Podemos acercarnos con confianza a Jesús, sabiendo que no hay problema ni desafío demasiado grande para Él.
Amado Dios, cuan grande eres, y que pequeños somos nosotros tus hijos. Que afortunados somos de Tu gran amor, y de tu misericordia. AMEN.




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